A los 56 entendi que mis olvidos no eran vejez sino falta de descanso mental
Estaba en mitad de una frase, hablando con una amiga sobre un restaurante que conozco desde hace diez años, y la palabra no llegó. No el nombre del sitio. Un verbo. «Reservar.» Supe que lo sabía. Estaba ahí, justo detrás, y no aparecía. No hubo angustia. Hubo algo más incómodo: la certeza de que mi … Lire plus









